Jules Védrines: ¿Cómo un experimentado aviador fue a hacer sus compras a las Galeries Lafayette?
Jules Védrines, un pionero olvidado que moldeó los cielos parisinos

París siempre ha sido una ciudad de leyendas: artistas, revolucionarios y soñadores que han marcado sus calles empedradas y sus grandes bulevares. Sin embargo, pocas historias son tan emocionantes (o tan desconocidas) como la de Jules Védrines, un intrépido aviador cuyos audaces exploits a principios del siglo XX lo convirtieron en un nombre famoso, desaparecido a los escasos 39 años.
Héroe de guerra, plusmarquista y el hombre que un día posó su avión sobre el techo de las Galeries Lafayette, Jules Védrines encarna el espíritu audaz de la Belle Époque.
París acogió los Juegos Olímpicos 2024 —un evento mundial donde el logro humano está en el centro de atención—. El legado de Jules Védrines parece más actual que nunca. Su historia es la del coraje, la innovación y un toque de locura, todo ello enmarcado en el escenario de una ciudad en plena modernización. Entonces, ¿quién era este hombre que se atrevía a volar donde nadie se atrevía y por qué París aún susurra su nombre?
Los inicios de Jules Védrines: del ciclista al obsesivo de la aviación
Nacido en Saint-Denis (al norte de París) en 1881, Jules Védrines, apodado Julot, era hijo de un obrero fabril. Su juventud no estuvo marcada por el privilegio, sino por una determinación inquebrantable.
Antes incluso de tocar un avión, ya era ciclista profesional, participando en carreras de resistencia agotadoras por toda Francia. No era un simple pasatiempo: era una escuela de resistencia que le enseñó a superar sus límites, tanto físicos como mentales.
Pero las bicicletas no bastaron por mucho tiempo para contener su ambición. Jules Védrines fue primero techador, luego fontanero y calderero antes de incorporarse a cursos nocturnos en el Instituto Católico de Artes y Oficios de Lille (ICAM).
A principios de los años 1900, la aviación era la nueva frontera, y Védrines quedó inmediatamente fascinado. A finales de 1909, se convirtió en montador en las fábricas de motores de aviación Gnome. Mecánico excepcional de carácter fuerte, fue descubierto en la escuela Farman de Camp de Châlons en 1910 por el británico Robert Loraine (en), piloto y actor excéntrico.
Aprovechó la oportunidad para ahorrar suficiente dinero y obtener su licencia de piloto. Obtuvo el título en Pau, en la escuela Blériot, en solo cinco clases a finales de noviembre de 1910. En la sesión del 7 de diciembre de 1910, el Aéro-club de France le otorgó el brevet n° 312, apenas siete años después del primer vuelo de los hermanos Wright.
En una época en que los aviones no eran más que cajas de madera con alas, él vio un potencial. Y no tenía miedo de arriesgar su vida para demostrarlo.
Batir récords y desafiar a la muerte
Védrines no era solo un piloto, era un showman. En una época en la que la aviación seguía siendo un espectáculo, él había comprendido que el drama vendía entradas (y encabezaba los periódicos). Su primera gran fama llegó en 1911, cuando ganó la carrera aérea París-Madrid, recorriendo 800 km en menos de 8 horas. Un logro asombroso para la época, siendo el único en terminar entre los treinta competidores, entre los que se encontraban Roland Garros y Eugène Gilbert. Pero no se detuvo ahí.

Aquel mismo año, estableció un récord mundial de velocidad, volando a 145 km/h al mando de un monoplano Deperdussin. Era una máquina frágil que más bien parecía un cometa que un avión moderno. Sus rivales lo tachaban de temerario. El público, en cambio, lo convirtió en un héroe.
También en 1911, realizó los vuelos Issy-Poitiers-Issy, pero sobre todo el París-Pau por etapas. Ese mismo año, quedó en segundo lugar en el Circuito Europeo y en el Tour de Inglaterra.
El 9 de agosto, destacó en la Copa Internacional Michelin de 1911 —que premia cada año el vuelo más largo en un solo día— con un trayecto de 811 kilómetros, aunque finalmente Emmanuel Helen se llevó la victoria al cubrir 1 252,8 kilómetros.
Tras una serie de récords de velocidad, ganó la Copa Gordon Bennett de velocidad en Chicago el 9 de septiembre de 1912, alcanzando 169,7 km/h al mando de un Deperdussin monoplaza.
Candidato infructuoso a las elecciones legislativas y víctima de un grave accidente aéreo en Épinay-sur-Seine durante un vuelo de Douai a Madrid en abril de 1912, fue condecorado con la Legión de Honor antes de completar, a finales de 1913, el primer enlace aéreo Francia-Egipto, de París a El Cairo,
con escalas.
El sacrificio de un héroe de guerra: Jules Védrines durante la Primera Guerra Mundial

Si sus hazañas aéreas lo hicieron famoso, fue sobre todo su compromiso durante la Primera Guerra Mundial lo que reveló su verdadero carácter. Cuando la guerra estalló en 1914, se alistó como piloto de reconocimiento.
Adornaba sus aviones con una cabeza de vaca o con la inscripción « La Vache » (La Vachette), sin duda en homenaje a sus raíces limousinas, y quizá también como una provocación.
Se especializó en misiones arriesgadas consistentes en lanzar agentes de inteligencia tras las líneas enemigas. En 1915, dentro de la escuadrilla MS.3 (la Escuadrilla de las Cigüeñas), acogió y formó a pilotos para el combate, entre ellos el futuro famoso Georges Guynemer.
La hazaña de los Galeries Lafayette: el aterrizaje más audaz de París
Si Védrines no hubiera sido más que un plusmarquista, su nombre quizá habría caído en el olvido. Pero su hazaña fue tan audaz que aún deja perplejos a los pilotos modernos: aterrizar en la azotea de los Galeries Lafayette. Su aniversario es el 19 de enero.

Una mañana gélida del 19 de enero de 1919, París alzaba la vista. Sobre los grandes bulevares y las azoteas grises del invierno, un avión giraba cada vez más bajo, con su motor resonando entre las fachadas de piedra. La multitud se agolpaba, torciendo el cuello mientras la frágil silueta de un biplano Caudron descendía hacia un objetivo imposible: la azotea de los Galeries Lafayette.
En una ciudad acostumbrada a las revoluciones del arte, la moda y las ideas, Jules Védrines iba a añadir la aviación al perfil de París, convirtiendo la capital en una pista de aterrizaje y reescribiendo lo que el vuelo podía significar en el mundo moderno.
Así pues, en enero de 1919, apenas unos meses después del fin de la Primera Guerra Mundial, París tenía sed de espectáculos.
Las Galeries Lafayette, ya símbolo de lujo e innovación, ofrecían una prima de 25 000 francos (unos 100 000 € actuales) al primer aviador capaz de aterrizar en su tejado. El reto: una superficie de solo 28 metros de largo, rodeada de chimeneas y a 30 metros de altura sobre el bullicioso bulevar Haussmann. Jules Védrines fue multado con 16 francos por la Prefectura.

La mayoría de los pilotos lo veían como un suicidio. Para Védrines, era una oportunidad.
El día de su hazaña, el 19 de enero de 1919, despegó del aeródromo de Villacoublay (al sur de París) a bordo de un Caudron G.3, un pequeño biplano cuya velocidad máxima no superaba los 100 km/h. Mientras miles de parisinos alzaban la vista, sobrevoló la tienda, evaluando el viento.
Luego, con una precisión increíble, aterrizó en el tejado, los frenos aullando, las alas rozando apenas las chimeneas. La multitud estalló en júbilo. Las Galeries Lafayette tenían a su vencedor —y París, una nueva leyenda.
Este golpe de efecto no fue solo una operación publicitaria. Encarnaba el optimismo de la posguerra, una celebración audaz del ingenio humano tras años de destrucción. Védrines, ese muchacho de Saint-Denis proveniente del mundo obrero, había logrado lo imposible. Y lo había hecho con estilo.
Las sombras de la gloria: el trágico final de Jules Védrines
Sin embargo, la gloria tiene sus zonas oscuras. Su verdadero amor seguía siendo pilotar. Pero a medida que la aviación avanzaba, su estilo temerario comenzó a verse más como imprudencia que como heroicidad.

Trágicamente, Jules Védrines no tuvo tiempo de disfrutar por mucho su fama.
El 21 de abril de 1919, dos meses después de su hazaña en el tejado de las Galeries Lafayette, realizó el vuelo inaugural de la línea París-Roma a bordo de un Caudron C-23 bimotor. Uno de los dos motores falló y la aeronave se estrelló en Saint-Rambert-d’Albon (en la Drôme, a 70 km al sur de Lyon). Ni Védrines ni su mecánico Guillain sobrevivieron.
Fue enterrado con honores en el cementerio de Pantin, en París. Solo tenía 37 años.
Su muerte conmocionó al mundo de la aviación, pero también recordó los riesgos que asumían los pioneros del cielo. Jules Védrines pertenecía a esa generación que impulsó la aviación a costa de su propia seguridad. Abrió el camino a la aviación moderna que conocemos hoy.
El legado de Jules Védrines: por qué París aún lo recuerda
Hoy en día, Jules Védrines es celebrado no solo como un piloto excepcional, sino también como el símbolo de una innovación audaz.
Su vida abarcó dos épocas: la edad romántica de los encuentros aéreos y la realidad más austera de una aviación convertida en herramienta de guerra e industria. El techo de las Galeries Lafayette sigue siendo un testimonio poderoso de una época en la que el cielo mismo era una nueva frontera.
Más de un siglo después de su muerte, Jules Védrines sigue siendo un símbolo de la audacia parisina. Su nombre quizá no sea tan famoso como el de la torre Eiffel o el de Napoleón, pero su espíritu perdura en el amor de París por el espectáculo y la innovación.
Hoy en día, aún quedan huellas de su legado:
Una calle de Saint-Denis — 93200 — lleva su nombre (rue Jules Védrines).
El techo de las Galeries Lafayette, hoy un jardín en las cubiertas, aún evoca su audaz aterrizaje.
Los apasionados de la aviación pueden visitar el Museo del Aire y del Espacio en el aeropuerto de Le Bourget, donde sus hazañas se celebran junto a las de otros pioneros.
En una ciudad que se reinventa sin cesar, Védrines nos recuerda que la grandeza suele nacer de la transgresión de los límites. En los Juegos Olímpicos de París 2024, los atletas llevarán las fronteras de lo posible más allá. La historia de Jules Védrines adquiere entonces una resonancia especial.
Al fin y al cabo, ¿qué son los Juegos Olímpicos sino una celebración de ese mismo coraje, esa misma maestría y esa loca temeridad que definieron su vida?
Cómo vivir hoy el legado de Jules Védrines en París
Para seguir los pasos de esta leyenda de la aviación, aquí tienes cómo descubrir su París:
1. Visitar la terraza de los Galeries Lafayette
Las Galeries Lafayette Haussmann siguen reinando como un templo del lujo parisino. Si ya no puedes aterrizar allí en avión, al menos puedes acceder a su terraza panorámica gratuita para admirar una vista espectacular de París, contemplar el boulevard Haussmann y tratar de imaginar a la multitud boquiabierta cuando Védrines se posó allí.
40 Bd Haussmann, 75009 París
Abierto de lunes a sábado de 9:30 a 20:30, domingos de 11:00 a 20:00
2. Pasear por la rue Jules Védrines
Esta discreta calle de Saint-Denis, al norte de París, rinde homenaje a su héroe volador. Poco transitada por los turistas, ofrece el marco ideal para reflexionar sobre su legado.
3. Explorar el Museo del Aire y del Espacio
Para los amantes de la aviación, este museo ubicado en el aeropuerto de Le Bourget es imprescindible. Allí descubrirán aviones antiguos, algunos de la época de Védrines, así como exposiciones sobre la edad de oro de la aviación.
Aeropuerto de París-Le Bourget, 93350 Le Bourget (afueras este de París)
Abierto de martes a domingo de 10:00 a 18:00 (cerrado los lunes)
16 € (gratis para menores de 26 años residentes en la UE)
4. Por qué Jules Védrines cuenta en 2026
Tras los Juegos Olímpicos de París 2024, la ciudad vibra con energía. Se han batido nuevos récords, los atletas se han convertido en leyendas ante los ojos del mundo. Es, en cierto modo, el mismo espíritu que animaba a Védrines: ir más rápido, volar más alto y desafiar las expectativas.
Su historia resuena especialmente en una época en la que la innovación y la asunción de riesgos son celebradas. Desde las startups tecnológicas hasta el turismo espacial, el mundo siempre necesita a quienes se atreven a romper límites. Védrines no se conformaba con pilotar aviones: inspiró a toda una generación a creer en lo imposible.
Así que la próxima vez que estés en París, alza la vista hacia el cielo. En algún lugar sobre los tejados, la sombra de Jules Védrines podría aún planear, recordándonos que la grandeza no reside solo en el talento, sino en el coraje.
Reflexión final: El hombre que hizo mirar a París hacia lo alto
Jules Védrines no era solo un piloto: era el símbolo de una época. Una época en la que París vibraba al ritmo del progreso, donde los cielos representaban una nueva frontera, y donde un hombre al mando de un avión podía convertirse en una leyenda en una sola noche.
Su vida fue breve, pero su impacto, inmenso. Le mostró a París —y al mundo— que los sueños, incluso los más locos, valen la pena de ser perseguidos. Y en una ciudad construida sobre la revolución y la reinvención, esta lección nunca pierde su brillo.
Entonces, en memoria de Jules Védrines—el héroe de guerra, el plusmarquista, el hombre que aterrizó en unos grandes almacenes. La próxima vez que estés en París, tómate un instante para recordar al intrépido que hizo mirar la ciudad hacia arriba. Porque en un lugar donde la historia se escribe en la piedra, su relato se inscribió en el cielo.
París siempre ha celebrado a quienes se atreven—sus artistas, sus inventores, sus revolucionarios. Jules Védrines formaba indudablemente parte de ellos.
Cuando aterrizó en la azotea de los Galeries Lafayette, fusionó la aviación con el espíritu parisino, esa mezcla inagotable de espectáculo e innovación, demostrando que el cielo ya no era un lugar lejano, sino que estaba entretejido en el mismo tejido de la vida urbana.
Aunque su vida terminó lejos de París unos meses después, su legado sigue flotando sobre la ciudad, recordando aquel momento en que el coraje, la modernidad y la imaginación se encontraron brevemente sobre los tejados. En ese instante, París no solo fue testigo de la Historia—se convirtió en un fragmento de ella.
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